Yo tenía 19 años recién cumplidos, estaba a la mitad de la carrera de Ciencias de la Comunicación, amigos, salidas, algunos novios JAJA, tenía todo. ¿Qué podría pasar?

Imaginen esta escena.

Todos estábamos en casa, mi papá nos llamó a la sala. Mis tres hermanos y yo nos sentamos en el sillón grande y lo miramos fijamente. En el fondo sabíamos que algo raro estaba pasando.

Mi papá nos dijo: -Ayer fue mi último día en la empresa. Hicieron recorte de personal y me dieron las gracias-.

Sentí como si me hubiera caído un balde de agua fría. No había un plan de acción, todos estábamos en shock, nadie en esa casa trabajaba (solo mi papá).

Mis papás se acabaron todo el dinero de la liquidación en el traspaso de una paletería. Creyeron que con eso podrían obtener el dinero suficiente para pagar las colegiaturas, comida y llevar una vida tranqui.

No sucedió.

La paletería requirió mucha lana y mucha inversión en insumos. La renta del local no estaba muy barata que digamos y con las ventas que alcanzábamos al día solo se podía costear la comida de la semana.

¿Resultado?

Mis papás volvieron a hablar con nosotros. Recuerdo que fue como una especie de tregua, se veían cansados, tristes, preocupados. Nos dijeron (a mis tres hermanos y a mí) que tendríamos que PARAR de estudiar un semestre.

¿Cuál fue mi respuesta? Por supuesto que no.

No me pregunten de dónde salieron mis agallas jajaja pero yo no estaba dispuesta a parar. No me iba a quedar en mi casa llorando (o sea si lloré mucho, muchas veces) pero apliqué la de: “Una lloradita y a chingarle”.

Tomé mi teléfono:
Hola Alan, Esteban, Jesús, ¿cómo están? Soy Aura, estoy buscando un trabajo de medio tiempo, les voy a mandar mi cv y si saben de algo, por fa avísenme. Mi papá se quedó sin chamba y por ahora no me podrán pagar la universidad. 

Al poco rato me marcó Alan y me dijo que estaban buscando a una ejecutiva de Comunicación en un corporativo muy nice en Reforma.

-Qué onda Au, ¿Puedes ir mañana a las 11 am?-, me preguntó.

Hubieran visto mi cara cuando llegué al edificio. Me sentí como en la película de “El Diablo viste a la moda”. En ese momento yo me convertí en Andy Sachs.

Nerviosa, chiquita, temerosa pero con la convicción de hacerme responsable de los pagos de mi universidad. Me hicieron varias preguntas y exámenes y al poco rato me dijeron que SÍ.
Tenía 19 años y conseguí el empleo de medio tiempo que tanto necesitaba. WOW.

Me pagaban $6,500 al mes y mi colegiatura era de $10 mil y cachito.

Evidentemente no me alcanzaría para pagar mi escuela así que decidí investigar sobre los créditos universitarios.

Yo pensaba: ¿Es verdad que si dejas de pagar te pueden meter a la cárcel? JAJAJA. Falso.

Hice todos los trámites necesarios para aplicar y se logró. La institución financiera también me dijo que sí y la mensualidad que les tenía que pagar era de $4 mil.

Fueron 5 años de crédito, 1825 días en los que creí que NO lo iba a lograr. Era un montón de lana, muchísima, miles de pesos. A veces lloré, otra veces me desesperé y otras veces me daba mucho coraje no poder gastar mi dinero en ropa, viajes y cheves (como la mayoría de mis amigos).

En el transcurso de esos años por supuesto que cambié de empleo, crecí profesionalmente, terminé la universidad y la financiera siempre estuvo respaldándome.

Aprendí que las instituciones financieras no son malas, su función es prestar dinero y nuestra responsabilidad es PAGAR A TIEMPO. Just this.

Si lo haces, te juro que obtener un crédito se vuelve un apoyo muy grande para lograr lo que quieres. Yo la neta siempre fui una pagadora puntual y hubo veces que hasta me regalaron boletos para el cine JAJAJA y otras en las que me hicieron descuentos en las colegiaturas.

En el 2016 firmé ese crédito (que parecía interminable) pero hoy se acabo, hoy mientras escribo esto suspiro hondo y puedo decir que soy libre.

Lo que les quiero decir con esto es que todo cambia, todo mejora, todo pasa por algo (aunque no lo entendamos en ese momento). 

Con el paso del tiempo mi mamá, mi papá y mis hermanos conseguimos empleo y poco a poco la situación financiera en mi casa fue mejorando.

Ser valiente no siempre es la opción más cómoda pero sí la más transformadora.

Dale sin miedo.

Etiquetas:
Educación
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