Algunos habrán escuchado sobre el “efecto Diderot”, y qué mejor momento para recordarlo que ahora que estamos confinados en casa, pues algunos sospechan que, apenas abran las puertas de los centros comerciales, saldrán en masa peor que toros en San Fermin, a sacarle humo a su tarjeta de crédito y a comprar como si no hubiera mañana.

Muchos no tendrán esa suerte, por supuesto, pues la crisis del Covid ya se lleva cientos de miles de empleos y ha reducido los ingresos de otro gran porcentaje de ciudadanos. De cualquier forma, saber sobre el peligroso efecto Diderot te ayudará a controlarte y a controlar la naturaleza expansiva de tu cerebro comprador.

Diderot fue un filósofo francés quien, alguna vez, tuvo la mala fortuna de recibir de regalo una bata nueva para andar por su casa más cómodo (¿te suena?). Digo mala fortuna porque, pronto, se dio cuenta de que su bata suntuosa y aterciopelada no hacía juego con las demás cosas de su casa, así que decidió comprar una nueva silla, un nuevo tapete, una mueva mesa; todo para que estas cosas estuvieran a la altura de su bata. Diderot perdió mucho dinero en estas compras y, lo peor, ya no le gustaba su casa después de esto, pues sentía que no era “de él”.

En resumen, el efecto Diderot es la cadena de compras que la compra un nuevo ítem genera. Como cuando compras un vestido para ir a una fiesta, pero luego necesitas cartera y zapatos a juego, o cuando te pasas a vivir a una colonia más costosa y por tanto debes cambiar a tus hijos a una escuela más cara, adquirir un coche más “fino” y pagar más por el super que venden en las tiendas de la zona. Todo para no desencajar.

Si el efecto Diderot parece la historia de tu vida, sigue leyendo, pues te diremos como alejarte de esas garras que inevitablemente te llevan a un espiral consumista.

La vida no entra en un solo “concepto”

Primero que todo, seamos conscientes de que vivimos en la sociedad del “concepto” que consiste en que le inventan “concepto” a todo. Tu tu casa es “minimalista”, tu coche es “hípster” y tu ropa “boho chic”, o tu estilo de vida es “zen”, crías a tus hijos con la “crianza con apego”, pero te vistes “preppy”. Pareciera que toda nuestra existencia pudiera salir fácilmente de una etiqueta. Ya no hay que pensar nada ¡qué suerte!, las identidades vienen empaquetadas y listas para consumir. Solo que las cosas nunca son así de fáciles. Las personas venimos en diferentes sabores y colores y por lo tanto los aspectos de nuestras vidas también.

Muchas de estas etiquetas que nos auto-imponemos vienen dictadas por estímulos externos, es decir, por la sociedad, que a menudo nos dicta lo que podemos y no podemos hacer. Esto es algo bueno en muchos casos, pues los países se ven beneficiado por políticas organizadas, pero malo cuando manejas tu consumo según lo que te dictan los demás y no según el manejo razonable y sensato de tus finanzas.

Internet, globalización y redes sociales nos tienen convencidos de que debemos “vivir apegados a un estándar”, y no te culpamos, pues pertenecer es una de las mejores sensaciones de ser humano. Pero no estar endeudado también lo es: te lo prometemos.

Es decir, que lo primero que puedes hacer para prevenir el efecto Diderot es negarte a vivir para mantener las apariencias.

Identifica el cross selling

Piensa en el cross selling como en el coco. En español se le llama “venta cruzada” y es tan negativa para la manutención de las buenas finanzas, que hasta los gobiernos han tomado cartas en el asunto para frenar su avance.

Una venta cruzada es cuando compras algo y el vendedor intenta venderte algo más con la idea de que será “complementario” para el primer producto que compraste. O cuando una revista promociona un reloj junto con la imagen de un coche y de un vestido. Digamos que tu empiezas por el reloj, pero el vendedor te hace caer en cuenta de lo lindo que se vería con una blusa, así que compras la blusa, pero luego te muestran los zapatos a juego y… ya entiendes la idea.

El cross selling también aplica para compras más grandes y pequeñas, como un departamento nuevo al que le compras otro estacionamiento o un coche que rentas por el que terminas pagando el doble por añadirle GPS, casetas ilimitadas, limpieza y tanque lleno; ¡Ah!, pero, espera, los mapas de la ciudad te los cobran por aparte.

Si cuentas con los recursos para comprar todos estos productos en paquete, ¡qué bien por ti!, pero, si resulta que pronto te ves endeudado hasta el cuello, te gastaste todos tus ahorros y hasta la colegiatura de tus hijos, es hora de que pares y empieces a sentirte cómodo con lo que tienes.

Ningún objeto te va a dar sensación de equilibrio ni armonía en tu vida si lo que te produce es angustia.

¿Qué sugieren los expertos?

Aunque esto va más allá del alcance de la educación financiera, los expertos recomiendan que evalúes la manera en la que te relacionas con las cosas y que evalúes hasta qué punto te ves dominado y condicionado por tus pertenencias. ¿Dictan lo que eres? ¿quién eres sin ellas?

El efecto Diderot consiste en que la compra de una sola cosa te hace caer en un shopping spree para hacer que toda tu vida este “al nivel” de esta nueva cosa. Piensas que si no haces esas compras no serás feliz.

Sin embargo, los expertos coinciden en que a los seres humanos nos gusta acumular. Aceptemos esto, seamos conscientes de las tácticas que aplica el mercadeo sobre nosotros, los entusiastas consumidores, y pasemos a ver algunos consejos que podemos poner en práctica para disminuir esas “ansias consumistas” cuando nos agarran en medio del día y con cupo en la tarjeta de crédito.

-¿De dónde viene?: Pregúntate de dónde viene tu deseo de comprar algo. ¿Realmente lo necesitas? ¿Por qué su compra es de vital importancia hoy en día, cuando hacía una semana no? Identifica el sentimiento que te produce ganas de comprar. ¿Es tristeza o frustración? ¿Peleaste con alguien? Si hay algún sentimiento o estado que te lleva a comprar, anticípalo y protege tu tarjeta de crédito de tu alter ego compulsivo.  Obsérvate bien y se sinceró contigo.

- Pide ayuda: Si seguiste el paso uno y ya sabes que cuando tienes hambre compras de más o cuando te peleas con tu novio te gastas miles en la peluquería (para compensar), pide ayuda. Anticipa estos comportamientos y limita tu acceso a tus ahorros o a tus tarjetas. Pídele a alguien objetivo y en quien puedas confiar que te acompañe a comprar y que te diga con certeza si tus compras serán razonables. También puedes poner tu dinero en cuentas de las que no lo puedas sacar fácilmente, o puedes invertirlo a 30 o 60 días por vez. Hay personas que logran ahorrar un mes entero de sueldo, con el que pagan los gastos del día a día, y el salario que les entra lo invierten en pagarés a poco tiempo. Así, cuando van a comprar, recuerdan lo difícil que fue ahorrar ese dinero y lo gastan con más cuidado y, además, no tienen acceso inmediato al dinero que tienen en el banco.

- Ponte límites: Ponle topes a tu tarjeta de crédito. Si has decidido comprar un televisor y tu presupuesto máximo es de 6000, pero ves uno por 6800 que te gusta más, es seguro que vas a romper tu límite, pero no podrás hacerlo si tu tarjeta tiene tope de gasto. También ayuda si haces un presupuesto de gastos mensuales y te comprometes contigo mismo y con tu familia o pareja a no sobrepasarlo.

- Conviértete en minimalista: Ya que todo estilo de vida cabe dentro de una etiqueta hoy, si te gusta pertenecer a uno en específico, elije el minimalismo. La tendencia alberga conceptos mucho más allá de la decoración y te promete paz mental y una mejora de tu vida.

- Cumple tus plazos: Si te has dado cuenta de que tienes un problema de gasto incontrolable, establece plazos en los que no puedas comprar y otros en los que sí. Por ejemplo, decide que solo comprarás durante la noche, después de las 8pm, o solo durante los últimos días del mes si te ha quedado dinero libre. Esto hará que pienses dos veces en la verdadera necesidad de hacer una compra y evitará que hagas compras de impulso. Las compras, sobre todo por internet y redes sociales, están diseñadas brillantemente para que gastes en el momento, por lo que, si esperas, es probable que termines por no gastar.

 

Finalmente, la idea es que compres cosas y experiencias que te hagan feliz. Cuestiona si lo que comprarás hará un cambio positivo en tu vida (por que sí se vale mejorar) solo no lo hagas por satisfacer los gustos de los demás ni por mantener la apariencia de ser una persona que ni eres ni quisieras ser.

Es mejor sentirse libre que no poder dormir en la noche.

¿Entonces el efecto Diderot es malo?

Sí y no. Es bueno para aquellos que venden algo, pues pueden aumentar sus ganancias, pero es malo para ti si te esta endeudando y llevando a la ruina.

Es cuando enfocas tu felicidad en las compras que debes ser consciente del efecto Diderot y evitarlo a toda costa. Pues este comportamiento repercutirá en tu capacidad de ahorrar, crear patrimonio y evitará que obtengas esa libertad financiera tan anhelada.

Etiquetas:
Tarjetas de débito
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