Las mujeres no ganan lo mismo que los hombres. En los últimos años, la participación de las mexicanas en el mercado laboral ha aumentado cada vez más. Sin embargo, las diferencias en el salario promedio entre hombres y mujeres no han cambiado mucho.

Las mujeres ganan hasta 33% menos que los hombres en México y por cada 100 pesos que ganan los hombres mensualmente, las mujeres percibían solo 85 pesos.

Estamos acostumbrados a leer este tipo de encabezados. Nos queda claro que, en la mayoría de los casos, las mujeres ganamos menos que los hombres pero ¿Qué pasa cuando las cosas se tornan distintas?

Hay incomodidad y confusión. -Una no sabe cómo reaccionar-, me dice mi amiga Adri.

¿Sabes? Siento un dolorcito en el pecho y un vacío existencial, amiga.

Llevo 3 años de casada con Ro y me siento feliz con él pero también me siento rara al saber que yo gano más que él.

La realidad es que Ro está contento por mí, siempre me apoya: 

-Venga Adri, nunca olvides que eres increíble, dale con todo a la chamba, estoy muy orgulloso de ti mi amor-.

¿Por qué teniendo su apoyo siento tanta incomodidad?:

¿Por qué siento feo?

¿Ro se sentirá inferior?

¿Por qué me siento culpable?

Desde chicas, se nos ha pintado la escena de que los hombres deben proveer a la casa, de que los hombres son los que tendrán la capacidad financiera para “mantener” a la familia.

Pero las cosas han cambiado y este discurso ya no es tan cierto.

im a fraud

Larga vida a la comunicación efectiva 

Adriana y Ro se conocieron en la universidad, para ser precisos, en la clase de Inglés.

Ro estudiaba Ingeniería en Sistemas y Adri, Derecho.

Ambos tomaron caminos distintos pero siempre estuvieron pendientes uno del otro. Ro es un apasionado de su profesión y Adri ama saber que su esposo siempre está buscando cómo mejorar.

Adri sabe que Ro es muy trabajador y viceversa.

La relación de ambos funciona muy bien porque no se dejan llevar por los prejuicios y etiquetas.

¿Qué tiene de malo que un hombre gane menos de una mujer o qué de malo tiene que una mujer gane menos que un hombre? 

Eso no es lo verdaderamente importante.

Lo verdaderamente importante es el respeto y apoyo entre ambas partes.

Adriana sale tarde de la oficina, mientras Ro se encarga de sus hijos por la tarde.

Adri paga todos los servicios de la casa y un par de créditos.

Ro paga la despensa y las comidas.

Ambos no ganan lo mismo pero comparten los gastos basados en su capacidad de hacerlo.

Su meta más importante es asegurarse de que ambos se sientan respetados y que ninguno se sienta menospreciado.

Una vez que Adri entendió eso, su voz interior llena de incomodidad y culpa comenzó a apagarse.

pareja bailando en la playa

Pero, ¿qué van a decir los demás?

Quitar los estigmas sociales o erradicar una idea que se ha replicado por muchos años no es un caso fácil. No podemos modificar la forma de pensar de nuestras tías (o demás gente externa) pero sí podemos hacer la diferencia desde donde estemos.

Situémonos en la cena de fin de año y ubiquemos a la tía Lola:

-Adri mijita, mira qué chula estás, oye estoy preocupada por ti, el otro día estaba pensando: ¿qué vas a hacer si llegas a necesitar de apoyo económico? Ro no va a estar para solucionar el problema, debes estar con alguien que te garantice un futuro estable-.

A lo que Adri respondió diplomáticamente:

¡Tía! En primer lugar, no necesito que un hombre o alguien externo venga a salvarme porque yo tengo la capacidad de hacerlo por mí misma. No estoy sola, Rodrigo siempre ha estado para respaldarme, no solo soy yo la que se hace cargo de las responsabilidades de la casa. Si bien, soy yo la que gana más, eso no quiere decir que Ro no haga nada por sumar y aportar.

Para mí, los bienes materiales no son lo más fundamental en la pareja. Claro que son importantes y claro que quiero seguir pagando mi auto y mi casa y mis viajes pero no quiero hacerlo si Ro no está conmigo porque con él tengo la conexión, resolución de conflictos y la iniciativa que jamás había encontrado en alguien más.

Él y yo somos un gran equipo y no voy a permitir que la diferencia de sueldos y las opiniones externas echen a la basura una relación que vale la pena vivir.

Hay respeto, hay amor, hay complemento, hay apoyo y ahí decido quedarme tía.

La tía Lola se quedó en silencio y bajó las revoluciones de su discurso lleno de necedad.

tía inconforme haciendo caras

La magia de no encasillarse en viejos discursos

No culpo a la tía Lola, no culpo al mundo por pensar como piensa. Incluso, no me culpo a mí por a veces sentir culpa, al contrario.

Ahora entiendo que las historias y pensamientos de todo el mundo hacen perfecto sentido cuando entiendes el contexto en el que fueron creadas.

Cada uno tiene distintas ideas en la cabeza, nuestra chamba está en cuestionarlas y modificarlas para así vivir más felices y en paz.

A veces pasa que tienes una opinión muy fuerte e inamovible sobre algo pero poco a poco vas comprendiendo que quizás, no era tan fuerte ni tan importante encasillarse en esa idea.


Fuente: IMCO

Etiquetas:
Historias Pareja
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