Primero que nada, el nombre real de Juan Gabriel es Alberto Aguilera Valadez, nació en Parácuaro Michoacán y fue hijo de campesinos muy humildes. Su papá Gabriel Aguilera fue enviado a un hospital psiquiátrico cuando JuanGa era todavía un bebé.

De Michoacán, Juan Gabriel, su mamá y hermanos se mudaron a Ciudad Juárez en busca de chamba pero como su mamá no podía hacerse cargo de él, la señora Victoria Valadez lo metió a un albergue para niños cuando tenía 5 años.

En ese lugar conoció a Juan Contreras, un músico sordo que se convirtió en su primer maestro y la primera persona en impulsarlo a dedicarse al mundo de la música.

En mayo de 1971, cuando Juan Gabriel tenía 21 años, le escribió la canción de “No tengo dinero” a su primera novia Lily Durán:

Voy por la calle de la mano

Platicando con mi amor

Y voy recordando cosas serias

Que me pueden suceder

Pues ya, me pregunta

Que hasta cuándo nos iremos a casar

Y yo le contesto que soy pobre

Que me tiene que esperar

Con esa canción triunfó en el NOA NOA (un bar de Ciudad Juárez), el primer lugar donde tuvo la oportunidad de cantar y donde tuvo un recibimiento increíble. 

JuanGa andaba muy motivado. Fue así que luego de pasar 14 años en ese internado/albergue, decidió emprender el vuelo a la Ciudad de México. 

Esta canción le dio tanta popularidad que se presentó la oportunidad de grabar su primer disco sencillo “El alma joven” pero NADA salió como lo imaginaba.

Juan Gabriel se cae del escenario

“No tengo dinero ni nada que dar” fue su himno por muchos muchos años.

¿No tienes 10 pesos que me prestes?, ¿quieres que te cante una canción a cambio de una moneda?, eso era lo que repetía constantemente en las calles.

Llegaba a los bares y se ofrecía a cantar pero todos le decían que no.

“Vengo de Ciudad Juárez, yo canto y compongo canciones. He ido a varias grabadoras pero no he tenido suerte y ya se me acabó el dinero, no tengo dónde dormir ni qué comer. Necesito encontrar trabajo porque no sé cómo me las voy a arreglar en esta ciudad”.

Juan Gabriel dormía en las banquetas del ahora suburbano Buenavista, en la Ciudad de México. En varias ocasiones “el divo de Juárez” platicó que los policías se acercaban a decirle que se levantara pero JuanGa no tenía a dónde ir, la calle -literalmente- era su casa.

Pasaba las noches en la Terminal de Autobuses, la Estación de Ferrocarriles y la Alameda Central de la CDMX.

Se la pasaba cantando en las calles, restaurantes y lugares públicos.

Los dueños de las disqueras le decían: “No hay chance de meterte en la programación, ya será para la próxima muchacho”.

Juan Gabriel bailando en Bellas Artes

Cayó a la cárcel de Lecumberri

En su búsqueda incansable por conseguir trabajo, lo invitaron a una fiesta, se quedó dormido y al siguiente día lo acusaron de robo.

Joyas, televisores, un radio y más objetos “valiosos”.

“Viví muchas cosas al llegar a Ciudad de México. Aunque era bueno para hacer canciones, era muy inocente para otras. Al caer en la cárcel no supe cómo defenderme. Me acusaron de robo sin evidencias. Me pedían dinero para dejarme salir y, al no tenerlo, me mandaron al reclusorio”.

Y este era un fragmento de la canción que recitaba constantemente en los pasillos de Lecumberri:

No tengo dinero ni nada que dar

Lo único que tengo es amor para amar

Si así tú me quieres, te puedo querer

Pero si no puedes ni modo, qué hacer

En este periodo Juanga también conoció a Andrés Puentes Vargas, entonces director de Lecumberri y persona que le presentó a María Teresa Enriqueta Jiménez Chabolla (alias la Prieta Linda). Esta actriz y cantante le prestó dinero y Ofelia Urtusástegui (esposa de Puentes Vargas) demostró que no se contaban con pruebas para mantenerlo en prisión.

Fue así que logró salir de la cárcel.

 

En mi vida hay muchas cosas que me hicieron daño. Hay algunas que he tratado de olvidar y lo he logrado. Otras no. Es por eso que muchas veces no me acuerdo de lo que pasó.

No sé si fue una pesadilla lo que viví o es un sueño.

Juan Gabriel en el escenario señalando al cielo

Todo mejoró y su pobreza terminó

Su popularidad creció, las ventas de sus álbumes incrementaron exponencialmente, logró sold out en rodeos, foros, auditorios y teatros. Juan Ga se volvió un fenómeno  musical.

En 2015 Juan Gabriel invertió 25 millones de dólares en un complejo en Playa del Carmen para darle vida al mítico “Noa-Noa”, pero no como el “lugar de ambiente donde todo es diferente”, sino como un complejo para enseñar música a niños en condiciones de pobreza y un museo dedicado a la música tradicional mexicana.  

Al final Juan Ga siguió repartiendo amor hasta el final de sus días.

“Todas las personas que me dieron de comer, que me quitaron el hambre, me inspiraron a componer. Me contaban sus historias y yo no tenía otra manera de consolarlos más que con una pieza musical, y así fui aprendiendo. Con mis canciones no resolvían sus problemas, pero sí les creaba un momento de desahogo”.

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