El día de hoy, les contaré la historia de mi primo José Juan.

A él le gustan las bandas de metal. 

Es un genio tocando la guitarra eléctrica.

Ama los tacos de canasta.

Estudió Ingeniería en Sistemas Computacionales.

No le gusta que le digan Juanchi.

Ha tenido pocas novias.

Es el líder de Los Acereros Fútbol Club.

Le gustan los videojuegos y

No se baña los domingos.

Aparenta ser un chico rudo pero ya cuando agarra confianza, se convierte en un Osito Cariñosito (o al menos, eso dice mi abuela).

Hace un par de años, en Andador de la Colina, -la colonia donde vive Juanchi-, se llevó a cabo un partido importante y quiero que sepan que mi primo se toma muy en serio estos asuntos futbolísticos. 

futbolista haciendo dominadas

Estuvo durante meses entrenando con todo su equipo. Se reunían todos los miércoles a las 7 pm en las canchas del parque, Juanchi siempre llegaba primero que todos y aprovechaba el tiempo para mejorar sus técnicas de goleo.

A mí me gustaba ir a verlo a sus entrenamientos porque ahí estaba José Cruz, un chico guapísimo, goleador de sonrisa perfecta.

Ok. Sigamos con la historia.

Después de varios partidos, eliminatorias y penales, el equipo de mi primo llegó a la final del torneo y todos se volvieron locos. Se enfrentarían con los campeones actuales, The Slayers. F.C.
Ellos portaban uniformes color amarillo fosforescente y de verdad que era fastidioso verlos, esos colores distraían y molestaban a la vista.

Pasaron dos semanas y el día tan esperado llegó.

El árbitro hizo sonar el silbato y comenzó el partido. Yo tenía mis audífonos puestos y justo en ese momento estaba sonando “Move Along” de All American Rejects jaja el soundtrack perfecto para el partido más esperado de todos los tiempos.

árbitro solicitando el VAR

Todo pintaba bien. José Cruz se veía guapísimo y mi primo, -como siempre-, con la mente en el juego.

Pasaron unos minutos y Los Acereros Fútbol Club anotó el primer gol. 

Las gradas se volvieron una locura. El papá de Carlos (el defensa de los Acereros), llevó un tambor JAJAJA. Señor, ¿todo bien en casa?

Pasaron 10 minutos y The Slayers F.C anotó un gol. ¡Nooooooo!

Esta final pintaba a ser una gran final. El marcador iba 1-1 y al poco rato mi primo Juanchi. El genio tocando la guitarra eléctrica, el ingeniero en sistemas, el Osito Cariñosito de mi abuela, el líder de los Acereros Fútbol Club anotó un golazo.

El marcador: 2 - 1

-¡Te amo primo!-, eso fue lo que le grité desde las gradas pero ni me escuchó. Las porras andaban on fire, traían un escándalo y de verdad que no se escuchaba absolutamente nada.

El árbitro hizo sonar su silbato anunciando que había terminado la primera mitad del partido. 

Yo me levanté y me fui a buscar una cheve.

cerveza fría en un vaso

Cuando regresé el segundo tiempo había comenzado. El balón volaba de un lado a otro y los jugadores de The Slayers F.C se veían presionados. No sé exactamente en qué momento sucedió pero mi primo cayó al pasto y no se podía levantar.

Resulta ser que uno de los jugadores del equipo contrario le dio una patada en la rodilla, no sabemos si fue a propósito o si fue sin querer pero el árbitro marcó penal.

Mi primo Juanchi no pudo cobrarlo porque tenía mucho dolor, así que llegó la enfermera a revisarlo y se lo llevaron en la camilla.

Fui a verlo a enfermería y lo abracé, -a pesar de que estaba todo pegajoso y sudado-.

-Mi carrera futbolística ha concluído-, me dijo.

-No exageres-, le respondí.

La efusividad se escuchaba afuera. Carlos, el defensa de los Acereros había cobrado el penal y metió gol.

Juanchi estaba feliz pero desconcertado, me volteó a ver con su cara manchada de sudor y lodo y me dijo:

“Prima, siento demasiado dolor, este golpe no fue un simple golpecito que se cura con chochos de árnica y pomada. Esto es cosa seria y lo peor de todo es que hace unos meses llamé a la aseguradora para cancelar mi Seguro de Gastos Médicos Mayores y no sé cuánto dinero me va a salir este chistecito. Yo creí que eso del seguro era un gasto innecesario y que solo estaba perdiendo mi dinero a lo tonto”.

Antes de que la ambulancia se llevara a mi primo al hospital, Los Acereros se metieron a la enfermería para celebrar con Juanchi que Los Acereros habían ganado el campeonato, ¡al fiiiiiiiin!

Esos cinco minutos de festejo fueron alegría pura.

chica festejando en las gradas de la cancha de futbol

Los momentos tensos vinieron después.

Luego de una serie de rayos equis, el doctor llegó a avisarnos que mi primo necesitaría una cirugía de rodilla (Artroscopia) y que el costo rondaba entre los $35 y $47 mil pesos.

¿QUÉEEE?

Así fue. Mi primo tuvo que desembolsar ese dinero de un jalón y con el Seguro de Gastos Médicos Mayores se hubiera ahorrado una buena lana.

¿Resultado? Rodilla rota y cartera vacía pero con un campeonato en la bolsa.

Ya pasaron unos años desde aquella vez y ahora que lo analizo detenidamente, mi primo siempre había sido un chico rebelde. Se mantenía escéptico en varias cosas y “Los Seguros de Gastos Médicos Mayores” era algo que estaba hasta el final de su lista de prioridades PERO a raíz del accidente, Juanchi se volvió menos renuente y más precavido.

Bien dicen por ahí que: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

 

Etiquetas:
Historias
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