7:15 am, mi reloj empieza a vibrar con la alarma inteligente y automáticamente me levanto de la cama. Tengo mi ropa deportiva a un lado y me cambio en menos de un minuto, empiezo a abrochar las cintas de mis tenis. Esto ya es automático, soy metódico, simplifico mi vida. Para este momento, mi perro ya sabe que estoy listo y empieza a hacer sonidos extremos que indican su emoción, pues sabe que todas las mañanas comenzamos el día con un paseo por el parque de la colonia.

Durante la caminata aprovecho para escuchar las noticias y ese día me enteré que Elon Musk se había convertido en el hombre más rico del mundo. Sonreí, respiré hondo y acaricié a mi perro con mucha energía, pues aunque no era yo el que se coronaba como el nuevo megamagnate del planeta Tierra, sabía que mi riqueza también se expandía.

Yo no estudié finanzas, pero me dedico a la compra-venta de vehículos, por lo que tengo algo de experiencia con las negociaciones de intercambios. Además, me gusta llevar bien mis finanzas y desde hace 5 años soy inversionista activo en la bolsa de valores de EEUU. Aunque no tengo una licencia legal ni estoy calificado como asesor financiero, la verdad es que he hecho muy buen dinero. ¿Mi mayor ganancia? Basta recordar que me dedico a la compra-venta de autos, por lo que también invertí en Tesla cuando la acción estaba en $180 dólares.

Cuando regreso de mi caminata matutina llego directamente a la computadora, analizo los 3 monitores llenos de gráficas y en un lapso de 15 minutos entiendo lo que está pasando en los mercados. Programo unas ordenes de compra y un par más de venta. Vuelvo a sonreír y me voy a desayunar. 

Un par de días después, durante el fin de semana, me reúno con la familia y platicamos sobre la noticia de Tesla. Todos me felicitaron, pues saben que he invertido desde hace tiempo y siempre he sido promotor del trabajo de Musk. La pregunta obligada, ¿ahora sí te vas a comprar un model S que tanto te gusta? Respondí que no, pues tomé la mayor parte de esas ganancias para invertirlas en mi siguiente gran apuesta hacia el futuro: Bitcoin. 

Así como creí hace 5 años que Tesla era una apuesta riesgosa pero muy lógica para el futuro, ahora creo que Bitcoin y el mundo de las criptomonedas es la siguiente gran tecnología que cambiará mucho la forma en la que vivimos. Esto desató otra gran conversación, mi primo sacó un vino tinto para digerir todo lo que le platicaba y la sobremesa se extendió hasta el atardecer.

Durante la siguiente semana, mi primo, mi hermana, mi esposa y mis papás estaban interesados en invertir en Bitcoin. Les expliqué que era un mercado volátil, que actualmente estaba sobreextendido pues acababa de romper su precio más alto, pero que yo tenía confianza en que todavía había mucho que recorrer hacia arriba, incluso me atreví a utilizar la palabra “subestimado”. Les advertí que habría altibajos y que no es fácil aguantarlos, pero que si no tenían prisa, yo tenía un 99% de confianza de que en menos de 4 años su dinero se habría multiplicado. Después de ver que yo había tenido mucho éxito con Tesla y de mi extraña confianza en el futuro de las criptomonedas, todos decidieron meter su dinero. 

Tan solo unas semanas después empecé a ver la gravedad de lo que había hecho. Al levantarme a mi caminata diaria, mi rutina ya era diferente, pues lo primero que veía en mi celular eran mensajes de pánico, imágenes con gráficas de caída y noticias de cómo Bitcoin se estaba desmoronando. Esto no venía de mis aplicaciones en donde monitoreo los mercados, esto venía de toda mi familia. 

En menos de un mes, Bitcoin ha caído un 37%. Mi familia está desilusionada y en el caso de mi primo y mi esposa, están también enojados conmigo. Les recordé a todos que estos mercados son volátiles y que no debían preocuparse tanto por el movimiento en días o semanas, pues a un mediano o largo plazo la tendencia es a la alza. Pero esto no fue suficiente para tranquilizarlos, empezaron a salir las culpas: “de qué sirve tener bitcoin si ya no podremos ir de vacaciones?” decía mi padre, “yo quería cambiar mi coche!” me reclamó mi primo. Con mi esposa la situación era peor, en vez de llegar a desayunar unos huevos estrellados, ahora encontré una nota sobre mi plato que decía “ya perdí $25,000 pesos”. Sabía que esto se había salido de control y estaba afectando mis relaciones de forma irracional, por lo que decidí reunirlos a todos para hablar del tema.

Durante la comida les expliqué lo que yo estaba viendo en los mercados y cómo esta caída era una “corrección muy saludable” que incluso “aumentaba mis proyecciones para este año”. Todas las sonrisas e interés que mostraron en la comida anterior se habían desvanecido y ahora todos tenían un aire de tristeza y desilusión. Quise darles seguridad haciendo preguntas simples: “Papá, ¡Tú nunca habías comprado por internet y ahora lo haces siempre por la pandemia! ¿no crees que el mundo se mueve a lo digital?”. Creo que no ayudó mucho, pero espero haberles dado un poco más de confianza. 

De regreso a casa seguía platicando del tema con mi esposa y le dije que no quería que esto interviniera con nuestra relación, me ofrecí a comprarle sus bitcoins al precio que ella los había comprado, sólo para que ella quedara fuera de la ecuación y sus emociones no estuvieran sobre la montaña rusa que es el mercado de criptomonedas. A mi sorpresa, ella no aceptó, pues sabía el potencial de lo que hacía y ya había visto que mis resultados nunca eran instantáneos. Decidió quedarse con su inversión y su riesgo. 

Hoy el mercado sigue abajo, y como tengo experiencia analizando esto, me doy cuenta que el riesgo es todavía mayor. Por mi no hay ningún problema, pues yo hago operaciones diarias que me protegen de las caídas más graves. Pero ellos no, ellos sólo ven que el mercado se cae y con este sus ilusiones. 

Me cayó el veinte de muchas cosas. Primero, que esto no es para todos. Creo que subestimé el apego de la gente a su dinero y había olvidado cómo me había sentido yo al principio. Ahora, yo no tomo decisiones de inversión con mis emociones, son cosas completamente diferentes, pero para ellos es casi lo mismo y por mi recomendación se metieron al mercado más difícil para principiantes. Segundo, entendí que mi objetivo siempre ha sido crecer mi riqueza, pero que no debo andar de asesor financiero. Por último, comprendí que tal vez me había equivocado al analizar el mercado, tal vez la tendencia había cambiado.

Para ser honesto, creo que esta corrección puede ser mayor y tal vez veamos muchas pérdidas pronto, es probable incluso que esto dure un par de años, en el peor de los casos. Sin embargo, vuelvo a analizar el mercado y mi proyección a 4 años sigue siendo muy positiva; lo que les dije desde un principio sigue siendo una proyección real y honesta de mi parte. Actualmente hay mucha incertidumbre, pero yo mantengo la visión de que para finales de este 2021, mi inversión y la de mi familia tendrá ganancias importantes. Desgraciadamente eso no lo puedo controlar y sólo nos queda esperar. 

Sin importar lo que pase en el mercado, yo ya aprendí mi lección: sé que puedo controlar mis emociones, que tengo claros mis objetivos, que tengo tiempo para esperar y que puedo ser exitoso invirtiendo mi dinero. Pero no debo de sugerir lo que a mi me funciona para los demás, ya que el mundo de las inversiones es algo completamente personal.

Etiquetas:
Criptomonedas
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