Todo empezó con la pandemia. Yo ya trabajaba varios días a la semana desde casa, pero cuando nos obligaron a la cuarentena empezaron a cambiar las cosas.

Al principio teníamos miedo, ¿qué es este maldito virus que nos tiene a todos encerrados? La primera semana fue algo extraña, pero mi esposo y yo nos llevamos tan bien, que le vimos el lado positivo y disfrutamos mucho el encierro. Merlot para comer el martes, Cabernet Sauvignon para cenar el jueves. Cada día parecía un fin de semana pero sin la necesidad de salir a gastar y entendimos que esta nueva situación nos podía caer muy bien a nuestras finanzas.

¿Qué tal si durante la pandemia ahorramos para cambiar el coche? ¿O para comprar una casa? Empezamos a soñar en grande ante una situación de resguardo y ahorro obligado. Lopez-Gatell pedía que no saliéramos para cuidar nuestra salud, pero a mi me parecía que era para cuidar nuestras finanzas.

Eventualmente nos dimos cuenta que no podíamos estar todo el tiempo encerrados y que debíamos salir a comprar lo básico. Salí del departamento y justo cuando abría la puerta del coche, pasó un ciclista vestido de naranja y me acordé de Rappi, esa app que tiene a miles de personas entregando cosas en toda la ciudad. Pedimos una, dos, tres veces por la aplicación y nos dimos cuenta que era la mejor opción para obtener lo que necesitábamos sin necesidad de salir a exponernos. Pagamos la suscripción anual y nos relajamos por nuestra increíble audacia para seguir viviendo en nuestra burbuja libre de coronavirus.

Emocionada por esas buenas experiencias, bajé el app de Amazon. Ya había hecho un par de pedidos antes, pero nunca desde el celular. ¡Wow!, le dije a mi esposo. ¡Es mucho más fácil comprar por la aplicación! Y ve, ¡está más barato que en la tienda! ¿Sabías que también podemos pedir cosas del supermercado? Con el tiempo extra que teníamos en casa hicimos nuestro primer “mandado digital” y nos sentimos como si estuviéramos viviendo en el futuro. Ahora entiendo porque el dueño de Amazon es un mega magnate, ¡esto es definitivamente más conveniente!

A la semana ya tenía mi suscripción Prime y al día siguiente recibí mi primer entrega express. Era emocionante escuchar que llegaba un paquete y ver que las cajas de cartón se amontonaban en la entrada. Comenzamos a pedir más cosas cuando nos dimos cuenta que se podían hacer devoluciones. Muchas más cosas. Pedí mascarillas KN95, luego pedí otras en color negro con filtro de aire. El app me recomendó que comprara también la careta y me pareció buena idea. Aproveché para pedir otro dispensador de gel antibacterial para el baño de visitas. En épocas de pandemia, más vale prevenir que lamentar.

Empezaron las juntas sociales por Zoom y le contaba a mis amigas lo maravilloso que era pedir cosas por estas aplicaciones. Mi anécdota favorita era de cuando instalamos el guardapolvos en menos de cuatro días: inicialmente lo pedí pero no le quedó bien a mi puerta, lo devolví y obtuve el correcto al día siguiente. Para mi sorpresa, yo no les estaba contando nada nuevo y al parecer ellas estaban delante de mí en los pedidos en línea. ¿No sabías que en Mercado Libre subes de nivel mientras más compras? ¿Apoco nunca has pedido algo por alibaba? Entendí que no era la única y que esta pandemia había metido el acelerador al comercio electrónico.

Terminé la videollamada y corrí a contarle esto a mi esposo. Esa misma noche nos dimos un clavado y confirmamos que efectivamente, hay cosas mejores, más extrañas y más baratas en Mercado Libre, pero todavía tenemos nuestros favoritos de Amazon.

Al Sexto mes ya éramos todos unos expertos. Pedíamos el súper, gadgets, necesidades de ferretería, comida y regalos para nuestro perro e incluso habíamos ordenado un comedor de 6 sillas completamente nuevo desde China. La certeza de las apps era increíble; cuando hablábamos de perros, las apps nos ofrecían productos de perros, nos acostumbramos a sus recomendaciones y a los pedidos recurrentes, donde ni siquiera tienes que confirmar que lo quieres para comprarlo. ¡Funciona como magia! Aprovechamos las ofertas del Buen Fin, del Prime Day y del Cyber Monday. Poco a poco fuimos entendiendo que las opciones en línea son ilimitadas, pero también nos dimos cuenta que nuestras supuestas metas de ahorro eran solo una ilusión.

De hecho, ahora gastábamos más que cuando salíamos, mucho más. Teníamos dos comedores en casa, un par de caretas sin estrenar, un baño de visitas con una estación de desinfección esperando que algún día llegara un visitante...y bueno, una gran deuda en nuestras tarjetas.

Nos dimos cuenta que la situación había salido de control. ¡Pero es que es tan fácil que no se siente! Definitivamente esto está muy bien diseñado y entendimos que las compras de 1-click son como los chocolates cerca de la caja registradora: no son nada más que una compra de impulso.

Afortunadamente recapacitamos y notamos que esto era una especie de adicción. Empezamos a limitar nuestras compras y volvimos a pagar la totalidad de nuestras mensualidades. Ahora, tenemos un límite de tiempo para el uso de estas aplicaciones. Porque antes perdíamos el tiempo en redes sociales y lo peor que pasaba era que nos comparábamos a las maravillosas vidas de los demás, pero cuando perdemos tiempo en estas apps, siempre encontramos productos muy buenos a precios increíbles y casi siempre terminamos gastando. 

Estoy segura que no soy la única que cayó en este juego, pero también estoy segura que ya nunca volveré a comprar como antes. Debo admitir que estas aplicaciones llegaron para quedarse, aunque sea con un límite de tiempo.

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